jueves, 13 de julio de 2017

LA PULSERA


Un joyero venía observando ya durante un tiempo cómo una niña se detenía delante del escaparate de su establecimiento y se quedaba mirando una bonita pulsera de oro.
Así pasaron varias semanas hasta que, un día, la niña se decidió a entrar:
-¡Hola! -dijo la pequeña.
-¡Hola! -contestó educadamente el joyero-. ¿En qué puedo ayudarte?
-Me puede usted enseñar esa pulsera que hay en el escaparate, la dorada?
-Claro que sí -le respondió.
La niña la cogió y comenzaron a temblarle las manos mientras la acariciaba con sus dedos. En ese momento el joyero pudo ver cómo unas lágrimas de emoción brotaban de sus ojos.
-Es que me gustaría regalársela a mi madre, pues hoy es su cumpleaños y me está ayudando mucho en mis estudios. Se pasa el día trabajando, y cuando llega cansada por la tarde se queda conmigo haciendo los deberes hasta que consigo entenderlos.
-Sí, seguro que le encantará, es preciosa -le contestó el joyero.
-¿Cuánto vale? -preguntó la niña.
-¿Cuánto tienes? -le respondió el hombre.
La niña sacó una pequeña bolsa repleta de monedas y las dejó sobre el mostrador.
-Es que he estado ahorrando durante muchos meses.
-Bien, veamos qué hay por aquí... -contestó el joyero mientras contaba el dinero- a ver... ¿no tienes nada más, pequeña?
-Bueno, sí, espere... -dijo mientras metía sus manos en los bolsillos y continuaba sacando varias monedas más, un pequeño billete arrugado, un anillo de plástico, un coletero rosa y dos caramelos de fresa.
-A ver... creo que sí, creo que con esto será suficiente -le respondió el joyero mientras recogía todo lo que la niña había dejado en el mostrador- ¿Quieres que te la envuelva para regalo?
-¡Sí, sí! -exclamó la niña ilusionada.
Tras unos minutos, el joyero le dio el paquete y la pequeña se llevó la joya.
A la mañana siguiente, la madre de la niña se presentó en el establecimiento con la pulsera en su estuche.
-Hola -saludó nada más entrar.
-Hola -le saludó también el joyero-, ¿en qué puedo ayudarle?
-Verá, es que ayer por la tarde, mi hija me regaló esta pulsera para mi cumpleaños y me dijo que la había comprado aquí.
-Sí, así es -contestó el joyero mientras la observaba-, yo mismo se la vendí.
-Pero...pero creo que debe haber un error porque... esta pulsera es de oro, ¿verdad?
-Sí, por supuesto, aquí solo vendemos productos de primera calidad.
-Entonces no lo entiendo, mi hija jamás podría pagar una joya así, no tiene tanto dinero, ¿cuánto le ha costado?
-Verá -le contestó seriamente el joyero-, en este establecimiento tenemos por costumbre mantener la confidencialidad de nuestros clientes, así que, sintiéndolo mucho, no puedo darle esa información.
-Pero... -protestó la madre.
-Lo que sí puedo decirle es que su hija pagó por esta pulsera el precio más alto que puede pagar una persona.
-¿Qué quiere decir? -contestó la madre preocupada.
-Su hija me dio todo lo que tenía.

("Cuentos para entender el mundo 2"; Eloy Moreno)


martes, 11 de julio de 2017

SONRÍE Y DECIDE

"¡Sonríe, por Dios! O por quien tú quieras, pero sonríe, porque hoy estás aquí y te queda mucho por vivir en este día. Y decide. Decide si quieres solo llegar o pasear este increíble camino"



("La vida es un regalo"; María de Villota)

lunes, 26 de junio de 2017

NIÑOS CON SUEÑOS

"(...) siempre hemos de ser niños con sueños y adultos que tiran de ellos"


("Lo que te diré cuando te vuelva a ver"; Albert Espinosa)

VOLEAR

"¿Sabéis lo que son las voleas? No todo el mundo lo sabe. Se trata de dar a la pelota antes de que toque el suelo, antes de que bote. Madre hacía muchas voleas. No sólo en el tenis sino también en la vida.
Ella me decía que los valientes no aceptan una injusticia, la volean. No se van a casa y meditan sobre ella, sino que directamente se enfrentan en ese mismo instante.


Volear es una cuestión de principios. Los que no volean no es que sean cobardes, simplemente creen que no se han de meter, que esa pelota no van con ellos, que ya la devolverá otro. Y también temen el dolor físico que pueden padecer por meterse en asuntos ajenos.
Madre voleaba siempre, no tenía miedo. Se metía en cualquier fregado con tal de luchar contra injusticias(...)"

("Lo que te diré cuando te vuelva a ver" Albert Espinosa)

PÉRDIDAS

"Jamás pierdes a un padre, sólo lo recuperas de otras mil maneras el resto de tu vida y se refleja en objetos, recuerdos y personas"


                   ("Lo que te diré cuando te vuelva a ver", Albert Espinosa)

miércoles, 12 de abril de 2017

ESPEJO RETROVISOR



"Mi mujer decía que el espejo retrovisor era uno de los dos mejores inventos del Universo...Qué ironía...Supongo que jamás esperó que su muerte estuviera relacionada con él...
Ella decía que la vida sería más fácil si tuviéramos un espejo retrovisor incorporado en nuestro propio cuerpo...Pensaba que estábamos mal diseñados, y ella sabía de eso.
(...) De ahí su teoría del retrovisor... Y es que había observado muchas veces el cuerpo humano y decía que nos faltaba insertarnos un retrovisor para ver qué había detrás nuestro. Consideraba que no tenía sentido que siempre miráramos adelante sin saber las oportunidades que hay detrás.
Ella opinaba que lo que nos precede tiene la clave de lo que nos acontecerá..."

("Brujulas que buscan sonrisas perdidas", Albert Espinosa)


martes, 11 de abril de 2017

MADRE

"Madre tenía una escritura muy pequeña y con las letras muy juntas. Ella decía que era para que no se perdieran, que cada letra se pudiera coger a otra y no tuvieran miedo...
Decía que las palabras valientes necesitan de letras sin miedo...Así era mi madre...
Siempre nos enseñó que las grandes cosas están hechas de las pequeñas... Si cuidas las pequeñas cosas, las convertirás en grandes... Si cuidas sólo las grandes, siempre serás pequeño..."


("Brújulas que buscan sonrisas perdidas", Albert Espinosa)

lunes, 10 de abril de 2017

OJOS

"Siempre he creído que una persona que no permite que vean sus ojos siente mucho placer o mucho dolor...Y es que cuando los cierras completamente sólo puede significar que estás en tu propio mundo... Y los mundos propios suelen ser tan personales que necesitas que el exterior no te salpique..."


("Brújulas que buscan sonrisas perdidas", Albert Espinosa)