miércoles, 7 de noviembre de 2012

CAMINOS

"Elena pensó durante mucho tiempo que no había sido una buena idea dejar a Fernando. Mil veces tuvo la tentación de volver con él. En momentos en los que la soledad apretó con fuerza ni ella misma se acordaba del motivo de su decisión, se sentía ridícula cuando no sabía explicar las razones por las que le había dejado. A ratos sentía rabia por no encontrar nada que reprochar a Fernando. Ni en eso se lo puso fácil para olvidarle...


...Ha tardado en entender que, cuando se cambia de camino, el nuevo no tiene por qué ser mejor Simplemente es distinto. La vida de Elena ahora no es mejor que la de antes, pero al menos es suya".

("Para Ana (de tu muerto)"; Nuria Roca y Juan del Val)

viernes, 2 de noviembre de 2012

HACIA EL INFINITO

"Carlos nunca miraba para atrás, nunca creyó que ningún tiempo pasado fuera mejor. En nada. Carlos, hasta que yo viví con él, jamás se arrepintió de nada de lo que había hecho por mal que le saliera. La vida era para él un coche sin marcha atrás, sin retrovisores y, lo que fue peor, sin frenos. A mí me costó mucho acoplarme a esa forma de entender la vida, aunque, cuando la dejé, no fue fácil acostumbrarme a la contraria".



("Para Ana (de tu muerto)"; Nuria Roca y Juan del Val)

viernes, 26 de octubre de 2012

ZAPATOS DE CHAROL GRANATES

"No lo he pensado mucho, pero creo que soy atea. Carlos lo era por convicción y yo creo que lo soy porque no me queda más remedio. Mis padres eran religiosos, muy conservadores, creo. A mis padres no les dio tiempo a educarme, pero en ocasiones he pensado que algunas cosas de las que hago, sobre todo en el sexo, no les habrían parecido bien. Yo fui a catequesis e hice la comunión. Los tres íbamos a misa todos los domingos. A misa de once para ser exactos, y luego a un bar donde mi padre tomaba cerveza y mi madre mosto. Yo me quedaba jugando en un parque que había justo entre la parroquia y el bar. Después nos íbamos a comer a casa de mi abuela, con ella y con mi tía. Recuerdo cómo iba vestida de domingo. Antes, a los niños, nos vestían de domingo. Mi uniforme era un vestido de florecitas azules, leotardos blancos, un abrigo gris de botones muy grandes y una diadema de terciopelo negro. 


Una vez tuve unos zapatos de charol granate oscuro que me compró mi madre. Ese fue posiblemente el día más feliz de toda mi infancia. Yo tendría unos siete años y me los compró un martes. Contaba los días con ansiedad para que llegara el siguiente domingo y poder estrenarlos. Fui a misa con ellos y me la pasé mirando el maravilloso brillo de mis zapatos de charol granate. Después, como siempre, mis padres fueron al bar y yo al parque. Estuve allí todo el rato hasta que mis padres salieron del bar. Al levantarme, comprobé que las punteras de mis zapatos de charol estaban arañadas por la tierra y se veía el cuero negro que había debajo del charol. Ver aquellas punteras destrozadas me provocó una tristeza que recuerdo insuperable. Algunas veces me acuerdo todavía de mis zapatos rotos y creo que ahora mismo podría dibujar con absoluta precisión la forma de aquellas nubes negras que se instalaron en mis zapatos hasta que mi madre me los cambió por otros negros normales, "mucho más sufridos", según ella. Recordando el brillo de mis zapatos granates, creo que aquella mañana en el parque descubrí que las cosas que realmente quieres mucho duran demasiado poco. Y lo peor es que fui yo quien los destrocé sin darme cuenta".

("Para Ana (de tu muerto)"; Nuria Roca y Juan del Val)

MIEDO

"Esos "trocitos" de libros que un día leíste y sin saber la razón exacta quedan en tu memoria para siempre..."



("La mecánica del corazón"; Mathias Malzieu)

martes, 23 de octubre de 2012

METRO

"La gente cuando va en el Metro se vuelve fea. Lo da el lugar. Sobre todo por las mañanas. La fealdad de las personas en el Metro no es casual, se produce porque nadie quiere estar allí. Cenando en un restaurante en verano a la orilla del mar sucede todo lo contrario. El feo es normal, el normal es guapo  y el guapo lo es mucho. Eso pasa porque esa gente está donde quiere estar".



("Para Ana (de tu muerto)"; Nuria Roca y Juan del Val)

CUANDO ERA NIÑA

"...Cuando recuerdo a mis padres, entiendo que los he intentado olvidar. Los recuerdos que tengo de ellos con de muy niña, del barrio donde vivíamos. Me acuerdo de una bici roja y mi padre ayudándome a montar a dos ruedas en un descampado, una Nancy a la que mi madre bañaba conmigo, el taxi que cogíamos los domingos para ir a ver a los abuelos y a los tíos, que vivían en Usera. Una tienda de ultramarinos que regentaba un tal señor Diego, muy bajito, y su señora, una mujer muy fea y muy alta de la que apenas recuerdo su cardado color rojo, una bata azul desgastada con la que atendía detrás del mostrador y un lunar marrón muy grande que tenía en una mejilla. Del señor Diego recuerdo que cojeaba, que tenía el pelo blanco y que siempre me daba una piruleta ante la mirada cómplice de mi madre, que se hacía la disgustada con el eterno: "Luego hay que comerse toda la comida". Apenas recuerdo la enfermedad de mis padres ni la tristeza que me dio su ausencia. Un día, mi vida era de una manera y, de repente, fue de otra muy distinta. Hasta que mi madre enfermó, creía que a mí no podría pasarme nada malo. Después me quedé sola y comencé a sentir que no podría pasarme nada bueno.  Me equivoqué las dos veces. Ahora, hay muchos días que me despierto pensando que, pase lo que pase, en realidad nunca pasa nada. La vida va transcurriendo sin que podamos cambiarla. Hay otros días, sin embargo, que me levanto con la esperanza de volver a estar equivocada".


("Para Ana (de tu muerto)"; Nuria Roca y Juan del Val)

miércoles, 17 de octubre de 2012

TRENES...


"Llega un momento en la vida en que debes decidir qué tren quieres tomar y, una vez en él, no puedes pensar lo que ocurriría si tomaras otro. Hay que disfrutar a tope y aprovechar al máximo todo lo que nos ofrece en su interior. No podemos conocer qué esconden los demás trenes, aunque nos despertemos muchas noches soñando que eran mejores. En realidad, la perfección sólo existe en nuestro interior, en lo que creemos nosotros que es perfecto. Todos los caminos nos conducirán a un lugar distinto, pero serán nuestros pasos lo que nos van a permitir encontrar más o menos chispas de felicidad en cualquiera de ellos".




("Correr o morir"; Kilian Jornet)